Críticas

 

   

[…] Padre e hijo se llaman Anelio Rodríguez. El niño, nacido en 1990, pintó entre los 4 y 6 años unos dibujos de característico y escueto trazo que revelan esa mirada infantil del mundo fantástica y pura. El padre, poeta y narrador canario, ha dispuesto los dibujos en dos series, y los comenta con distanciamiento adulto o con ternura, con admiración o con humor. De ahí salen unas glosas creativas y siempre concisas, inventivas o líricas. De la feliz comunión de textos y dibujos surge una realidad de inhabitual originalidad, aparentemente sencilla, pero compleja; inocente y burlesca. […]

Santos Sanz Villanueva




[…] Anelio Rodríguez Concepción observa la realidad inmediata. Y la conoce porque escucha voces que relatan sucesos de abuelos y padres. Él las prolongará en sus ficciones. Hará que pasen por esa mirada, entre suavemente crítica y socarrona. Recoge todo un espacio moral que le ha sido ofrecido por una serie de personajes que muy bien pudieran figurar como vecinos del lector. […]

Juan José Delgado




[…] Un libro espléndido: de tipos, de atmósfera, de lenguaje. Gracia a raudales, potencia literaria, esa conjunción tan difícil de conseguir de humor y verdad, de memoria y certeza, en un discurso que se sigue con fascinación. He disfrutado de  cada capítulo como si en él se concentrase una novela singular, irrepetible. […]

José María Merino




[…] Y está en La Palma el mejor escritor de cuentos de las islas del sur, a la altura de cualquiera de los importantes escritores de cuentos de América Latina y España, Anelio Rodríguez Concepción […]

J. J. Armas Marcelo




[…] Los personajes son tan sinceros, tan creíbles, que terminas por acercarte a ellos con la misma naturalidad con que Anelio te los muestra. La abuela de Caperucita de puro dislate acaba siendo una historia cargada de sentido común; de puro fantástica en sus propuestas, termina por ser una historia verosímil en sus consecuencias; y de puro increíble, una verdadera historia donde los personajes te hacen reír y acabar devorando la novela como si de tu propia abuelita se tratara […]

Elsa López




[…] Doña Luisa, la abuela de Caperucita, el increíble personaje de la novela de Anelio Rodríguez, ha conseguido, ella sola, salvar todas las cautelas de su autor que, cual lobo feroz, la amordazó por más de doce años en una gaveta. La audacia de esta señora la lleva a declarar, hacia el final de la novela, que en el arte lo más importante es parecer verosímil. Es cierto que el escritor juega con fuego, como dice Roth. En ese telar, el narrador sabe que su habilidad para entretejer las hebras de la realidad da como resultado la buena ficción, pero olvida con imprudente candidez que, si el paño resulta ser bueno, con el tiempo será su mortaja. Así pues, larga vida a Doña Luisa. […]

Álvaro Marcos Arvelo




[…] La abuela de Caperucita es una novela chispeante y distinta de cuantas se publican a este lado agitado del Atlántico. Reconozco que una ancha sonrisa se dibujó en mi boca durante su lectura, y que me dejé arrastrar por el apasionante mundo de su protagonista, una vieja actriz de películas pornográficas que recuerda su existencia con un sentido del humor que despierta envidias. El libro no tiene desperdicio. […]

Eduardo García Rojas




[…] Y cierra el libro con un poema de una tensa, irrepetible hermosura. Texto dedicado a la figura del padre, a su ausencia, encarnada en la perdurabilidad de su olor en las almohadas, con lo que este poemario: emocionante, milimétricamente construido, transmuta en temblorosa belleza el fragor y el viaje fatigoso de esas noches absurdas. Y al cerrar sus páginas percibimos ese cansancio casi feliz, casi agradecido, de quien sabe que el sol reaparece, que al menos el silencio de la madrugada se acerca a su fin. […]

Juan Carlos Méndez Guédez




[…] El logro de un equilibrio tan difícil, y sin embargo aquí tan diáfano, propicia una lectura vibrante, plena de hallazgos que sin duda hacen de Vigilias un libro excepcional. Anelio Rodríguez Concepción alcanza ese equilibrio con la madurez del hombre que siente lo que vive y vive lo que siente, y del poeta experimentado que sabe dónde empieza y dónde acaba lo que quiere decir, y aun cómo. […]

Rafael Fernández Hernández




[…] La ciudad se manifiesta clamorosa en nuestro exilio. Vivimos en estas ciudades exiliados del origen de cultura rural o periférica de isla chica. Abocados a la contradicción del criollo educado y urbano, ocupados en la dureza de los días, no solemos mirar eso que la obra de Anelio nos muestra. Asómese a sus páginas o asómese a su ventana. Ese paisaje lo enfrentará a este exilio en tierra propia al que nos vemos sometidos y que sobrellevamos guardando la esperanza en el armario de los objetos inútiles. […]

Carlos Bruno Castañeda




[…] Rodríguez Concepción acierta a entrar y salir en temas tan variados, con una sola intención narrativa, sin desprenderse del filo agudo de la ironía. La sorpresa aguarda a la vuelta de la hoja, y el lector desovilla el hilo de la acción en espera de un final hasta cierto punto explosivo. De pronto la lectura del cuento te atrapa agradablemente y no puedes dejarlo hasta conocer su desenlace. […]

Susana León González




[...] El libro conquista, así, un ámbito común de expresividad y belleza, nada convencional, muy ajeno a la idea de ilustración y el comentario. Es un libro que contiene un mundo que se mira y se lee al mismo tiempo y que impone la fascinación de su extremada complicidad.
  A la veta de la cordialidad y la ironía, propias de esa fuente generosa de la imaginación que, a veces, alcanza en la infancia grados tan deslumbrantes de espontaneidad y sorpresa, se une la sabiduría del narrador, el punto lírico tan propicio a esta otra gracia de los mitos pequeños, de andar por casa, para los que Anelio padre tiene especial mano.
  La “confabulación” es, al fin, la fuente de este libro tan divertido como hermoso, tan insólito como entrañable. [...]

Luis Mateo Díez




[…] Aquellos que tuvimos la fortuna de leer de primera mano Poma nunca volvimos a ser los mismos. Tocados por el fulgor de los requiebros sintácticos y semánticos de los textos de aquel libro deambulamos por sus lugares extasiados, aunque sin saber el peligro al que ya siempre fuimos adictos. […]

Ernesto Suárez




[…] Los textos de Anelio Rodríguez Concepción son incursiones en el reino de lo fantástico: un derroche de imaginación, las palabras del adulto ante la mirada del niño. Pero también son el reino de lo sutil, lo inteligente, lo emotivo. […]

Care Santos




[…] Anelio Rodríguez Concepción hace gala de una capacidad fabuladora fastuosa. Y no sólo fabula, también indaga, filosofa, poetiza y recrea mitos antañones. Para ello bebe de todas las fuentes en las que se alimenta su memoria: literatura, narración oral, cine, cómic… Sorprenden la precisión de su prosa, la pericia en el uso de la lengua con reminiscencias cultas, pero nunca pedantes, con pequeños fulgores que son perlas extraídas del lenguaje popular canario. […]

Ignacio Sanz

 

[…] Anelio Rodríguez Concepción nació y vive en Santa Cruz de La Palma, lo cual supone ser periférico dentro de la periferia. […] Le ha venido ese gusto por el cuento, pequeño formato concentrado y jugoso donde construye mundos consistentes sobre la memoria, la condición humana, el sentido de la vida, el desvanecimiento de la edad […].

Luis León Barreto

 

[…] Anelio Rodríguez Concepción nos ofrece con El perro y los demás unos relatos en los que aparentemente no ocurre nada trascendente en el desarrollo de la trama. Sin embargo, es en lo que no se explica donde se acumulan las sugerencias e insinuaciones que otorgan a lo narrado un sentido añadido que va más allá de lo que muestra lo evidente. Son textos llenos de elipsis interiores, en los que el silencio entre las palabras se carga de profundas significaciones. Bajo su presunta normalidad, encierran secretas y complejas evocaciones que nos remiten a la fragilidad de la condición humana, a sus esperanzas e incertidumbres. Y esa es otra cualidad que incrementa su valía.

Sabas Martín

 

[...] La prosa transparente de Anelio Rodríguez Concepción muestra, sin tapujos ni moralejas, el mundo en que vivimos rodeados de mar e incertidumbre. Aquí el lenguaje, la memoria y el sentido del humor, sin duda compartidos por el lector y los personajes de estos relatos, se funden para reconvertir en una escala más de la imaginación ese surtidor de emoción y misterio sin el cual no podríamos preguntarnos quiénes somos ni hacia dónde vamos. [...]

Esther Candelaria

 

 

 
   
Anelio R. C., Marina II (2002)